viernes, 9 de mayo de 2008

"...está jadeando, se ve que respira mal"


A veces, solo a veces... dejo salir mi lado pícaro. Por que quieran que no, disfruto con mi trabajo. Si esto son anécdotas reales como son, ¿quien no va a querer ir a trabajar?
Pues bien, una noche de 1991, no recuerdo el mes pero imagino que era de verano. Prestando mis servicios en servicio de medicina interna como auxiliar y a la ordenes de "Sor Nati" a la cual, yo martirizaba con diversos nombres como "Sormonja" (ella siempre gentil decía Sor o Monja, pero no las dos cosas) o "Sor Natillas" por que se trataba de un ser profundamente tierno, bondadosa, generosa,trabajadora. Una persona a la que añoré durante años y a la que siempre recordaré con amor.
Pero eso no quita, que yo no pudiera ser pillo y tuve mi oportunidad aquella noche.
Llamaron al timbre y se trataba de vaciar una botella de orina.
Y para que entendáis lo sucedido os debo aclarar la distribución de la unidad:
Teníamos habitaciones individuales, habitaciones de dos pacientes y habitaciones de 3 y4 con wc compartido,al cual se accedía por una puerta lateral de la habitación; la cual, te llevaba a un distribuidor en el cual se hallaba un armario ( que jamás vi que nadie usase). Y frente a ti estaba siempre la puerta, que accedía a la habitación que compartía wc con la propia y a un lado la del propio wc.
Cuando me dirigía al wc oí, a través de la puerta de la otra habitación unos ruidos concretos... gemían,jadeaban. Me sonreí, hice mi trabajo, volvía salir por donde había entrado y regresé al control de enfermería.
Al llegar, mi supermonji estaba trabajando en lo que fuese y sin reírme le digo:
-Sorita, por que no vas al 31, que está jadeando mucho, se ve que no respira bien.
Y ella, toda dulzura, me dijo:
-Anda nene vamos por si te necesito.
Llegamos a la habitación y ella delante de mi, con su 1,45, con lo cual, yo podía ver todo sin que nada me estorbase la vista.
Abre la puerta de golpe y enciende el interruptor de la luz... y vimos lo siguiente:
En una habitación de 3 camas, teníamos a 2 EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica), personas ambas bastante mayores( abueletes) y a un gitanillo de 17 años el cual estaba siendo usado por una amazona, sin ningún tipo de pudor, en plan Toro Mecánico, toda ella desnuda. Los abuelos con los ojos como platos, pero calladetes jejeje y ellos en lo suyo.
Mi supercielo dice:
-¿Pero que hacéis? con una voz entre asustada y avergonzada.
Yo pensé: "Será que no se ve"
Y "ella" respondió:
-Calla zo puta, que lo que tu tieneh ej invidia pol que no puedeh foshaa....
Mi monjita cerró la puerta, me miró, blanca, sin color en el rostro y me dijo:
-Nunca mas te hago caso, eres un demonio. Y se marchó indignadísima.
Yo estuve riéndome un rato largo.
Por supuesto los dejamos hacer y de hecho como aquello se repetía cada noche, acabamos por claudicar y los trasladaron a una habitación individual.
Un inciso:
Sor Nati siempre decía de mi que yo era un ángel, cuando llegó el tiempo de trasladarla, a la sor que le sustituyó, Sor Conchi le dijo:
-Ten cuidado con éste, que es un demonio.
Me pregunto por que se lo diría...
Saludos,
Macdubh

jueves, 8 de mayo de 2008

"Mucho Sueño y Gran Despiste"


¿Me perdonáis que a estas horas esté medio dormido aun?
La siguiente historia ocurrió hará unos 21 años. Yo comenzaba a moverme en mi trabajo, pero aun me quedaba muchísimo por aprender. algunas veces, acerté y otras como es natural no supe o no tuve recursos suficientes.
Pero reconozco, que con este abuelo, la verdad es que las cosas nunca fueron difíciles.
Se trataba de un anciano octogenario, bajito, regordete, simpático y por lo que recuerdo tenía algún tipo de demencia que hacía que no asociara los objetos que veía o tomaba , con lo que realmente era. Por poneros un par de ejemplos, para darle las pastillas, había que decirle que eran caramelos ( lo cual, quiere decir que sabia lo que eran las medicinas y las odiaba, pero su "corteza visual, no asociaba la imagen de pastilla con aquellos objetos que a la par que insípidos, por supuesto no parecían caramelos). Otro era que no quería tomar agua, así que le decíamos que era coñac y se la bebía.
Una noche, hacia las 2 de la madrugada sentimos unos gritos lejanos:
-¡Socorro, me violan!
Nosotros no sabíamos si aquello era un suceso dentro del hospital o si ocurría fuera ya que nuestra unidad daba a una calle posterior y podía provenir de cualquier piso o mismamente de la calle...
-¡Socorro, me violan! de nuevo
Y esta vez creí que por el sonido, era dentro del mismo. Y además provenía del piso de arriba.
Subimos corriendo a la planta superior. Mientras tanto los gritos se sucedían , los cuales, nos iban guiando. LLegué hasta la habitación y me encuentro la siguiente escena:
En una habitación de dos camas, estaba mi abuelete, cómodamente metido en camisón hospitalario al lado de una abuela, que en el borde de la cama; le miraba aterrada con la ropa hasta el cuello cual dama virginal. Por el contrario mi yayete, nos lanzaba unas miradas socarronas como si realmente le hubiéramos pillado en "algo".
Levanté al abuelo de la cama y en esto llegó el personal de la unidad. Y al preguntarle que hacía ahí respondió:
-Sabes que pasa, que salí a pasear y me despisté. Quise volver y no me acordaba así que me metí aquí y como tenía tanto sueño, me metí en la cama.
-¿Pero Usted no se dio cuenta de que un hombre se metía en la cama? pregunté mirando a la anciana.
-Yo sentí golpecitos en la cama y pensé que era un familiar (cosa que como pude ver, allí no había ninguno) y me aparté para que se metiera en la cama. Pero al darme la vuelta estaba este sinvergüenza, seguro que quería hacerme el amor. Señalándole con un dedo largo, terminado en una uña también larguísima.
Finalmente pudimos aclarar el asunto y ambos ancianos acabaron la noche en sus respectivas camas.
Días después:
De camino a mi unidad, observo a dos ancianos en camison, sentados en un banco de la terraza. Abrazados, estaban de espaldas a mi con lo cual no podía ver sus rostros. Pero conforme llegué al control de enfermería y debido al anngulo que ofrecían los ventanales desde allí, pude ver que se trataba de "nuestros ancianos". Nunca supe si aquello termino en boda, pero habría sido bonito ¿no?

miércoles, 7 de mayo de 2008

"Señor soy de ahi arriba y es que me he suicidado..."


A veces, quiero pensar que no somos realmente conscientes de las dimensiones de los problemas de nuestros pacientes.
Bien, por que nuestra formación no abarca la materia en cuestión o simplemente por que no tenemos la empatía suficiente para ponernos en ese "otro lugar", con lo cual, no das suficiente de ti como profesional.
Gracias a Dios, contamos con excelentes profesionales en los hospitales, de muy diversa índole y que abarcan desde materias sociales a psicología, pasando por las propias de el personal hospitalario.
Desde aquí, un saludo que va desde el personal de limpieza, pasando por el personal de cocinas, oficinas, que aunque no suelen ser foco de mi atención; están ahí.
Y con su labor, posibilitan y vehiculizan en gran medida la mia y la del resto de mis compañeros/as propia.
Toda esta introduccion viene dada por que justamente, no supimos valorar correctamente un caso, con final feliz por cierto; ya que entonces no contábamos ni con un/a psicólogo/a, ni con un/a psiquiatra.
Una noche, fui a pedir cierto medicamento a otra unidad, lo cual, es una práctica muy habitual cuando precisas de algún fármaco y no dispones de el. También te sirve de excusa para ver a compañeros con los que hace tiempo que no coincides.
Voy a la unidad en cuestión y después de habérmelo suministrado, me comentan un chismorreo.
-¿Sabes que en la 1ª un paciente se ha tirado por la ventana?
-¡Ostia! ¿Como esta?
-Lo tienen en urgencias, pero solo se ha hecho un chichón en la frente.
- ¡No jodas! ¿Solo un chichón?
-Si no lo vas a creer, se tiró y con la cabeza rompió una maceta y solo se ha hecho eso.
Así que bajé a urgencias a verlo.
Y me comentan los celadores:
- Si tio, ¿Sabes que ha hecho? Ha cortado el dobladillo de la sábana, se lo ha atado al cuello y lo ha atado a la ventana para ahorcarse y se ha tirado. Y claro la sábana se rompió y cayó a la planta baja, dándose en la cabeza con un macetero. Si de esos grandes y lo ha roto.
Yo sabía que maceteros había ahí y os juro, que si yo me doy por accidente con uno, el que se abre la cabeza soy yo, tienen dos dedos de grosor. Y si a eso le sumas la inercia de la caída, no entiendo como aun tenía la cabeza entera... debía de tener el cráneo hecho de hormigón.
Continua contándome el celador:
-Nos hemos dado cuenta por que hemos ido a ingresar un paciente y hemos oído a alguien en el patio aporreando la puerta. Hemos salido y al vernos nos ha dicho... "Ah, hola señor, soy de ahí arriba y es que me suicidado"
Lo habían llevado a urgencias, le hicieron todo tipo de pruebas, Rx, TAC y no había lesiones internas.
Al final, únicamente tenía un golpe en la frente y un pequeño corte alrededor del cuello hecho con el dobladillo.
Como amenazó con suicidarse de nuevo, la solución médica fue trasladarlo de planta.... un piso más arriba. Decisión cabal y acertada....claro.
Una semana después, cierta enfermera le vio subido a una silla y con la ventana abierta; llego justo a tiempo de cogerle por los pies y evitar que cayera al vacío; eso si, aun a riesgo de llevársela con el. Ya que ella, menudita como es, no hacía contrapeso suficiente. Pero hubo suerte y pudieron evitarlo.
La solución definitiva fue, trasladarlo a la unidad de pediatría, ya que era la única que contaba con ventanas de seguridad... Lo triste, es que este paciente había ingresado por intento de suicidio, y solo después de todo esto, decidieron ponerlo a buen recaudo...
Aunque sinceramente, yo no soy psiquiatra o psicólogo y creo que yo, me habría dado cuenta antes, jejeje.
Saludos
MacDubh

martes, 6 de mayo de 2008

Quien mal entiende...2ª parte


A veces, no se trata de que mal interpretes la demanda.
A veces lo que ocurre, es que la demanda está mal elaborada o simplemente, te induce un camino concreto.
Justo al día siguiente de la anécdota anterior, ocurrió esto:
Estábamos en el turno de tarde, con todo urgencias atestado de personas que esperaban con más o menos tranquilidad a que les tocase su turno y así paliar en la medida de lo posible sus dolencias o al menos, sentirse atendidos y digo esto, por que a lo largo de los años he visto que; a veces, solo con sentirse escuchados muchas de las demandas de urgencias remitían.
No digo, que no sean demandas reales, si no, que solo el hecho de "escuchar" hace que la ansiedad desaparezca en pacientes y familia. Otras por el contrario, por mucho que lo intentes, no consigues calmar a nadie y tu acabas de los nervios.
Huy, que me pongo a filosofar y tengo un peligro...
A media tarde aparece una señora rubia con una manta en brazos y gritando como una loca a pleno pulmón:
-¡Mi hijo se ha envenenado!
Yo, me acerqué rápido.
-¿Señora que ha pasado? Y hago ademán de ogerle el niño para entrarlo a urgencias ante el evidente riesgo. Pero al intentar cogerlo, ella a la defensiva, estrechó a su hijo contra el pecho y negando con la cabeza me dice que no y vuelve a gritar más fuerte:
- ¡MI hijo está envenenado!
Y viendo que no me dejaba cogerlo, decidí entrar y demandar auxilio a las compañeras.
Ya dentro:
-Eh, afuera hay una señora que trae un niño en brazos y grita que se ha envenenado y no me deja cogérselo. Vamos, ¡Corred!
A lo que la auxiliar de urgencias, una genial profesional y madre a la que desde aquí saludo ( si, tú murciana, que eres un sol y siempre te veo tan guapota. Besos E.), me dice:
- A ver, que te conozco y con el susto de ayer ya tuvimos bastante.
Y salimos los dos a ver si realmente la demanda era tal o si era otra de mis exageraciones, y visto el éxito del día anterior me tuve que callar.
Ya afuera, la madre continuaba enarbolando aquel bulto de manta con pies. Nos acercamos y mi compañera le dice:
-Señora ¿Qué le pasa a su hijo?
- ¡Mi hijo se ha envenenado!
Y mi compi con su infinita paciencia se acerca y le destapa la cara al niño que tendría unos 3 años y ve como el niño tiene una masa color crema sobre los labios y le pregunta a la madre:
-¿Qué es esto?
A lo cual responde:
-Estaba empapelando las paredes y mi hijo ha metido la mano en la cola de empapelar y se la ha pasado por la boca.
-¿Pero se lo ha tragado? preguntó.
-No, que yo sepa pero ¿Y si ha tragado un poquitín?
-Mire señora, respondió ella categórica; nadie se muere por un poco de cola en los morros.
A lo que la madre con evidentes muestras de enfado respondió:
-¡Váyase usted a la mierda! Como se nota que no es hijo suyo...
Y se largó, dejándonos a los dos en la puerta de urgencias. Y mi compi girándose hacia mi me dice:
-¡Menos mal que no me fié de ti!
Y yo pensando: "Menos mal, que no me dejo por mentiroso la señora uff"
Para que veáis, esta vez no me equivoqué y aun así, también metí la pata por lo visto.
Saludos
MacDubh

lunes, 5 de mayo de 2008

Quien mal entiende mal actua (aunque sea sin mala voluntad)


A veces, nos dejamos llevar por el automatismo irreflexivo y cometes errores garrafales.
Otras veces, simplemente se trata de que no analizas a tiempo la situación, no la ponderas.
Y este es el caso, por que aunque resultó que no fue nada importante, podría haberlo sido.
Y el hecho de que sea hilarante no me exime de mi error. Desde aquí pido disculpas a mis compis de urgencias por sufrirme tantos años, en silencio o no.
Gracias
Una tarde normal en el servicio de urgencias y yo desempeñando funciones de celador/auxiliar sanitario. Nosotros teníamos un mostrador desde el cual gestionábamos las entradas a la unidad y derivábamos al especialista concreto, segun fuera el caso.
Y paso lo siguiente:
Llega un varón de una cincuentena aproximadamente, con camisa a cuadraditos y vaqueros.
Al levantar la vista observo que lleva toda la camisa llena de sangre fresca y le pregunto con los ojos muy abiertos:
-¿Qué le ha pasado?
-Me han pinchado un lóbulo.Responde con una tranquilidad pasmosa.
Yo no lo pensé (tonto de mi) y entré corriendo a urgencias y suelto de repente:
-¡Afuera hay un hombre al que le han pinchado un pulmón!
Inciso:
Lóbulo pulmonar: porción de parénquima (tejido) pulmonar que está aireado por un bronquio lobular, rodeado de pleura visceral y regado por una arteria lobular.
Y claro está,se comenzó a ejecutar el protocolo de emergencias propio de este tipo de situaciones:
- Se localiza al cirujano de guardia.
- Se llama a quirófanos y se prepara la intervención.
Todo esto realizado en segundos y se me ordena que entre al paciente.
Y yo, corriendo salgo a por el.
Y le digo:
-¿ En qué pulmón le han pinchado?
Torpe yo que a estas alturas debía recordar que si se nos perfora un pulmón, por el motivo que sea, nos cuesta hablar y este hombre estaba tranquilo y lo que es más respiraba, sin dificultad.
Su respuesta me lo despejó:
-Me han pinchado el lóbulo de la oreja.
Para quienes no sepais lo que es, es el lugar donde habitualmente se ponen los pendientes
En esos segundos, creí morir de vergüenza. Así que, entré a urgencias no ya rojo, creo que morado por falta de oxígeno. Y mirando al suelo solté el motivo real.
Después desaparecí. No recuerdo donde me escondí hasta que se me pasó el bochorno.
Pero, al dia siguiente repetí; pero eso os lo cuento mañana.
Abrazos
MacDubh